¡Alto, proteínas! ¿Moda o necesidad?

¡Alto, proteínas! ¿Moda o necesidad?

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Inmersos en la rotonda de la fiebre de la proteína nos preguntamos qué producto será el siguiente en incorporarse a la carretera de la dosis extra de prote. ¿Necesitamos tantos productos altos en proteínas?, ¿tomamos, de media, suficiente?, ¿o nos pasamos la mediana dopados de proteína?

¡Control de proteína, sople aquí! Así podría verse interrumpido el trayecto a casa de cualquier consumidor tras salir de su súper de confianza. Conducir el carrito, por los lineales, sin pasarse de frenada o desviando tu compra hacia productos «altos en proteínas» parece, cada vez más, misión imposible. Y es que ya lo dicen las normas de tráfico alimentario: debes circular siempre pendiente de las señales (del etiquetado) y darle prioridad a los agentes (profesionales) del tema. Estas personas expertas nos piden que estacionemos en el arcén de la autovía de los artículos enriquecidos con proteína para soplar el test (o al menos reflexionar) sobre esos productos.

Y no, este «test de la proteína» no está pensado para detectar fuentes de proteína completa como la de los huevos, el pescado o la carne, sino aquellos productos altos en proteínas. Una adición de proteína que no paran de aumentar su presencia hasta en grupos de alimentos en los que ese extra pega menos que un alerón en un coche familiar.

La niña de tu vecina, que ha comido macarrones
con tomates y un yogur, con sobredosis de proteína.

¿Cuánta «gasolina proteica» necesita nuestro cuerpo? ¿Es necesario que todo ser que ruede por la carretera de la vida ande dopado de proteína?

Puede que te estés preguntando si tú también necesitas tomar la vía de consumir más proteína de la que ya tomas para que tu motor ruja mejor. Normal, no es extraño que lo pienses con el bombardeo del marketing del «+ proteína»… Pues, ¡agárrate que vienen curvas! Y no olvides el cinturón porque aceleramos:

¿Qué va a ser lo próximo tomar
cerveza alta en proteína para
«ganar masa muscular»?

La población, en general, si sigue una dieta variada y equilibrada, ya consume la cantidad necesaria de proteína que el cuerpo necesita. «Pero yo es que soy súper deportista y me suplemento para crecer». Sí, Julio, cuéntame más, que no te pones un chándal desde el Mundial del 82. ¡No me toques el Naranjito!

Además, si quieres aumentar tu ingesta de proteína por algún caso concreto: eres realmente un deportista, una persona mayor o con poco tiempo a la que le cueste llegar a los nutrientes necesarios u otro caso individual, puedes hacerlo modificando primero tu alimentación. Aumentando, por ejemplo, tu ingesta de proteína vegetal. Tienes la vía de las legumbres totalmente descongestionada, llegarás al mismo punto y no te gastarás un dineral en el peaje de los productos tuneados con prote.

Julio tomándose su dosis diaria de huevo
crudo antes de su prote para crecer
como Popeye con las espinacas.

Lo que queremos decir no es que esos productos sean todos poco saludables pues los habrá mejores y peores, sino que no es necesario que la inmensa mayoría de la población se suplemente de esa forma porque es, prácticamente, una moda. Modificando un poco tu alimentación puedes suplir ese «déficit de proteína» en el caso de que de verdad lo tengas.

«¿Y si le meto al tanque un poco de proteína whey? ¿Pasaré el control antidóping?» Pues si estás quemando rueda ya con el tema de la prote y sí o sí vas a suplementarte, mucho mejor así, acompañada de alimentos vegetales, a pretender hacerlo con los productos altos en proteína. Las mejores herramientas en el taller proteico son: priorizar la calidad (mejor fuentes vegetales a embutidos, carnes o quesos); recordar que podemos sustituir y modificar la rueda de nuestra alimentación antes de recurrir a ese tipo de productos, y que ese «alto en proteína» es un reclamo cuyo valor añadido, en muchas ocasiones, solo sirve para incrementar su precio.

Cuando ya no caes en el
reclamo de los productos
altos en proteína.