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Si alguna vez has elegido un producto «sin azúcares añadidos» porque crees que, sí o sí, es más saludable al tener menos azúcar, quizás debas leer estas cinco cosas para tener claro qué sí y qué no significa ese reclamo.

Tú masticando sutilmente tu nuevo
desayuno pensando que en nada te llama
tu jefe para preguntarte dónde estás.
Estás tan pichi con ese nuevo productazo que te compraste para hacer más saludable, qué se yo, tu desayuno mismo y, de pronto, osamos interrumpir tu animada rumiación matinal con un pequeño dato. Nada, una tontería de nada: ese «sin azúcares añadidos» que has leído en el frontal lleno de colorinchis súper bien combinados con una amalgama de frases de marketing de tercero de supermercado, puede que esconda azúcar que, supuestamente, no estaba y tú no, obviamente, no esperabas.

La miradita que nos echas
cuando te contamos la historia:
¿En serio, ni desayunar tranqui puedo?
No venimos hoy a decir que el azúcar moreno no es mejor que el azúcar blanco (eso es de primero de súper), sino a traerte algunos conceptos que tienes que tener claros sobre el tema del azúcar añadido y su hermana el azúcar libre. Un tema un poco «bandido» porque tú confías que la música va a ir bien, ya que has ensayado mucho eso de desayunar saludable, pero un error lo tiene cualquiera y hay que ser profesionales (del papeo vespertino), reponerse y seguir.

¿Azúcar moreno no es buena?
¿Eso has dicho?
Pues nos vamos.
Apunta para no tener que decir aquello de «la luna me embrujó y me llevó hasta ti, veneno del amor que yo feliz bebí» cuando estés frente a la información nutricional de ese producto «sin azúcares añadidos» y seas consciente que, queriendo tomar menos azúcar, al final puedes estar tomando de más:
– Para poder poner “sin azúcares añadidos” en un producto este no puede tener añadido ningún azúcar simple ni otro ingrediente o alimento como, por ejemplo, la miel, los zumos concentrados, siropes o jarabes.
– Leer “sin azúcares añadidos” no significa necesariamente que el alimento no contenga azúcares libres. Hay reclamos que pueden llevar a confusión.
– La leche, las frutas y las verduras ENTERAS contienen azúcar “intrínseco”: azúcares presentes de forma natural en el alimento y que no son perjudiciales para la salud.
– El problema está en los azúcares “libres” (entre los que se incluyen los azúcares añadidos), ya que su consumo regular se relaciona con un mayor riesgo de desarrollo de enfermedades.
– Cuando la fruta deja de consumirse entera y es exprimida o triturada, sus azúcares dejan de ser intrínsecos y pasan a ser azúcares libres.
– En el etiquetado nutricional muestra la cantidad de azúcar simple total sin diferenciarte si esta es intrínseca o libre.
– Aprender a interpretar el etiquetado y entender qué significa realmente cada reclamo es importante para saber qué consumimos.
