¿Estamos programados para que nos guste o no el picante?

¿Estamos programados para que nos guste o no el picante?

Chile, guindilla, wasabi, pimienta, tabasco,…¡cómo pican!

Nos arde la boca, nos irrita el estómago, pero la seguimos comiendo, ¿cómo es posible que a algunas personas nos guste el picante?

La capsaicina es el compuesto químico que tienen algunos alimentos y que produce esa sensación de que nos está ardiendo la lengua. No es algo natural comerlo. De hecho, los animales rechazan estos tipos de alimentos. Entonces, ¿por qué los humanos seguimos comiéndolo?

Este elemento, da una sensación como si estuviésemos quemándonos la lengua, pero sin producir verdadero daño en ella, y aun así hace que se envíe una señal al cerebro que lo estimula y produce la liberación de opioides y endorfinas para paliar el dolor que es la que produce placer tras la sensación de quemazón. Es decir, no es el picante lo que nos gusta, sino la sensación placentera que viene cuando pasa.

La cultura y la genética en el gusto por el picante

Por supuesto, hay culturas que tienen una mayor proporción de alimentos picantes incluidos en su dieta y, por tanto, son más propensos a tomar alimentos picantes por costumbre, al haberlos tomados desde pequeños. Esto ocurre por ejemplo en la cultura india o en la mejicana.

Aquí vemos los resultados de un estudio sobre el gusto por el picante y la tolerancia al mismo según el lugar de origen o de residencia:

La mayor tolerancia al picante observada en Centroamérica y Sudamérica puede ser debida a una mayor exposición a él por razones de hábitos gastronómicos y culturales. Los alimentos que toman las madres durante el embarazo y la lactancia van a formar parte de los primeros patrones alimentarios del niño durante la alimentación complementaria, por lo que los niños desarrollan preferencias por el tipo de cocina regional . Según el estudio, los padres mexicanos dan a sus hijos paquetes de azúcar mezclado con polvo de chile rojo, con el fin de construir una mayor tolerancia a estos, lo que muestra la importancia del factor de exposición y cultura con el gusto por el picante. Esto coincide con la correlación, observada en este trabajo, entre el continente de nacimiento y residencia y el gusto por el picante.
 

Referencia:

Ismael San Mauro Martín, Paula Mendive Dubourdieu, Víctor Paredes Barato y Elena Garicano Vilar. ‘Programación nutricional del gusto y la tolerancia al picante’. Centros de Investigación en Nutrición y Salud. Grupo CINUSA. España y Uruguay. Nutr. Hosp
. 2016 Jul 19;33(4):393. doi: 10.20960/nh.393.