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La alimentación en redes se ha convertido en un mar de desinformación por el que navegan grandes barcos que derraman bulos sobre nutrición de manera malintencionada; buenas intenciones sin fuentes; y piratas de la salud con bandera fit como estandarte. Zambullirte en los mensajes sobre alimentación de internet sin el neopreno de la evidencia científica alimentaria es, cuanto menos, peligroso.
¿Pensabas que esto iba del monstruo del lago Ness de Escocia? Pues no, pero parecido. Hoy hablamos sobre algo que nos preocupa mucho más: el monstruo del «algo (fit)ness». Que no es de Escocia, sino de escoci(d)as. Vamos, de personas con formación alimentaria e irritadas por la vorágine de bulos y mentiras que salpican a la nutrición en redes sociales. Un chapoteo a la deriva, y a pelo, por la cloaca de la mentira.
Bueno, a pelo no, en este caso a escama, porque escama —o al menos a nosotros mucho—, la moda de compartir contenido, con la premisa de lo fit, sobre alimentos, dietas, productos sustitutivos o suplementos sin ningún tipo de evidencia científica ni criterio. Se publican todo tipo de recomendaciones cuyas fuentes son las del deseo de El Barrio, la Comic Sans o aquella a la que fueron muchos fifes (y no tan fifes) a darse la mojadita con los del barrio cuando España ganó el mundial. ¡Cómic-o!
Pero gracia no nos hace ninguna. De hecho, nos ponemos tan monstruos que podríamos entrar en el equipo kids de Rosario Flores cuando escuchamos consejos sobre alimentación con una base tan sólida como que a Mari Carmen le funcionó. Pudiendo ser Mari Carmen un sin fin de personas: ella misma, su prima, su vecina o aquella con la que una vez coincidió en una clase de zumba allá por los dos mil, guardó su número y ahora ve como crece su segundo hijo en las historias del Whatsapp. Todas con el mismo patrón:

La Mari Car-Men recomendándote que tomes tres cucharadas en ayunas del aceite que puso en el tubo de escape porque le quitó el ruido a su coche y, por ende, sirve pa los gases.
Entiéndenos, patrón no de barco, sino de modelo, de muestra, de ser personas que están todas cortadas con el mismo o, como mínimo, con la misma tijera mal afilada. Y sí, digo personas porque a ellos les pasa tres cuartos de lo mismo. Pueden estar en la laguna escocesa, ver un cocodrilo y pensar que es un dinosaurio, Nessy el del lago o el mismísimo Messi. Es todo un poco messy. Pero, vamos, es comprensible porque con tanta gafa de colores no distinguen las cosas bien. Fíjate si ven mal que muchos tienen como referente de vida a Amador. No, Mohedano, no, el otro. El del salami de ‘La que se Avecina’.

El capitán referente de muchos cuando no es el del Betis. ¿Qué pasa, picha?
La que se avecina es grande, sí. Estamos inmersos en la más grande de las marejadas y nos pilla en barquita: El monstruo del algo (fit)Ness vive bien tranquilo en el tsunami desinformativo que empapa diariamente las redes sociales, calando con una especie de, como diría cierta cuñadísima, «inverno total» por parte de cierta parte de la población.
El Inverness lo llevamos por dentro.
Un letargo invernal que hace que, sin cuestionarse nada, se tomen como ciertas las barbaridades sobre alimentación que dice el futbolista de turno sin dos dedos de frente, simplemente, porque es famoso. Algo que, en muchos momentos, hace que sea tristeza total en nuestro deseo por una sociedad mejor informada y consciente de la importancia de la alimentación tanto en la salud propia como en la del planeta.
Desazón que, siendo sinceros, nos dura poco porque, como una ola, enseguida nos sube la marea al corazón divulgativo. A ver si te camelamos:
Este barco zarpa de nuevo con amor por la ciencia y la alimentación sostenible y saludable. Lo hacemos desde un punto de partida algo extraño ya que vemos a estribor a un notas, en el barco de al lado, intentando coger un vaso de agua del mar para mineralizarse. A veces tenemos la sensación de meternos en todo lo hondo sin neopreno ni bombona… Pero bueno, nosotros hemos cogido otro y nos lo hemos rociado bien por todos lados, así como queriendo bendecir la travesía que nos espera. Y, oye, no nos vale un «lo siento mi amor, no me apetece remar, acabad ustedes solos con los bulos y las farsas»: hemos grabado tu nombre en nuestra barca, por ti nos hicimos marineros, para cruzar los mares (de desinformación), surcando los deseos: una alimentación más consciente, resiliente y sostenible. ¿Te unes? Prometemos que seguiremos empujando. Jurado.
